El mundo es diverso y hermoso

Como adultos o adultos jóvenes, recordamos con nostalgia nuestro primer año en la secundaria: un mundo se abría ante nosotros y el cambio nos llenaba de expectación.

Con ayuda de nuestros maestros, poco a poco fuimos adaptándonos a la nueva dinámica escolar. Allí surgieron nuestras primeras preguntas sobre las diferentes formas de vida, sobre las reglas y cómo otros adultos las establecen. Allí comenzó la incipiente acción de diferenciación y rebeldía que caracteriza a esta etapa de la adolescencia.

Como docentes, sabemos que es un desafío encauzar esa energía y ánimo de transformación —a veces de oposicionismo— en acciones positivas y constructivas.

Este primer año de secundaria, enfocaremos nuestras actividades de la estrategia Puebla Convive, bajo el lema: ¡Yo sí puedo cambiar al mundo! Apuesto a que en algún momento decidiste ser docente porque pensaste que así podrías cambiar el mundo y es cierto, porque desde la docencia podemos transformar la vida de las personas, ayudar al alumno a encontrar sus intereses y potencialidades, proyectaria hacia un futuro incluyente, solidario, democrático, de paz, con la seguridad de saber que nuestros derechos humanos son respetados.

Irina Bokova, directora general de la UNESCO, nos explica:

“Los jóvenes de 15 a 24 años viven, en su mayoría, en los países en desarrollo y suman más de mil millones en todo el mundo. Esa juventud representa más de mil millones de esperanzas depositadas en un futuro mejor, de ideas para cambiar el mundo constructivamente y de respuestas posibles a los desafíos que nuestra época tiene planteados. Graduados o sin graduar, libres o decididos a ser

lo, los jóvenes están reinventando la cultura, haciendo suyos los nuevos medios de comunicación social y renovando los modos de convivencia. Sin embargo, pocos de ellos disfrutan de una juventud sin preocupaciones. La inmensa mayoría debe abrirse paso en la vida luchando a diario contra los obstáculos de la pobreza, el desempleo, el cambio climático y el acceso insuficiente a los sistemas de educación y la atención médico-sanitaria. ¿Cómo van a poder influir en su futuro, cuando se ven excluidos de los procesos de decisión?” (UNESCO, 2011).

Sin duda la desigualdad, la falta de oportunidades y la incertidumbre, son una constante para nuestros alumnos; sin embargo, algo podemos hacer para que cambien esta percepción y acepten el desafío de transformar el mundo, su mundo, con pequeñas acciones de la vida cotidiana. La diferencia clave está en la intención.

Cuando decido ayudar a mi comunidad con la intención clara de hacer una diferencia en ella, estoy cambiando al mundo. Cuando decido hacerlo porque “me lo dejan de tarea”, “es el servicio social”, ”tengo puntos extra”, si bien hacemos una diferencia, esta es externa y temporal.

Los docentes tenemos el compromiso de ayudar a la formación del carácter y el desarrollo socioafectivo de nuestros alumnos se ve enriquecido con las actividades que les llevan a un desafío, a compartir y dialogar, a respetarse en el diálogo y la comprensión mutua.

Te exhortamos a cambiar el mundo, ayúdanos a cambiarlo con tus alumnos y démosles la fortaleza de que esto es posible si hacemos pequeños cambios, si participamos y reconocemos en el otro, alguien que nos puede aportar algo positivo para nuestro desarrollo.