El mundo es diverso y hermoso

Bienvenido a la nueva Estrategia de civismo y ciudadanía. Como bien sabes, el preescolar es una edad privilegiada para la práctica de los valores que encierra la convivencia.

Nuestro mundo es diverso y hermoso es una frase que nos asombra e invita a los niños, niñas, padres y docentes a mirar y admirar el mundo como un vasto territorio por descubrir. Durante los tres grados de preescolar, el reto es potenciar la capacidad para observar el mundo, promover las interacciones positivas y con ello, promover los valores y actitudes ciudadanas: el respeto al otro como parte de la diversidad.

Lo que nos hace diferentes es lo que nos une. Todos estamos conectados en un ciclo interdependiente: plantas, animales, suelo, personas, ambientes, elementos de la naturaleza.

Nuestra intención, al acercarlos a estos temas, es que a lo largo de su vida puedan entender la riqueza que implica el reconocimiento de los otros y descubran que la diversidad es parte de la vida.

Como bien conoces, de los 3 a los 5 años los referentes más cercanos de las niñas y niños son su familia y su escuela, es por ello que la propuesta para preescolar inicia con temas relacionados a sus características personales y su entorno cercano para ampliar, poco a poco, su círculo y sus conocimientos sobre el mundo que les rodea.

Lo que no conocemos nos cuesta más trabajo admirarlo, cuidarlo y respetarlo. Los hábitos positivos, la capacidad de respetar y comprender lo hermoso de nuestra biodiversidad será la base sobre la que una ciudadanía crece firme y sólida. Para apoyar también a este nivel, encontrarás también en la sección “En Colaboración”, de esta página, la estrategia Vivo con Valor, con sus materiales de apoyo y actividades para reforzar la idea central: Nuestro mundo es diverso y hermoso. Valorarlo es nuestra tarea.

Ahora, una anécdota para inspirarte:

Hace algunos años estaba acompañando a una maestra de preescolar en su salón y el tema del día era entender las características que nos hacen diferentes. La maestra, preocupada por cómo abordar el tema, decidió iniciar con una biografía de una pintora mexicana muy famosa, Frida Kahlo. Acomodó a sus alumnos en círculo y les fue leyendo la biografía, después les pidió que se vieran en un espejo grande que había en el salón y fueron platicando lo que cada uno había visto de sus características en el espejo. Hubo de todo: “soy de pelo negro”, “tengo los ojos cafés clarito”, “tengo trenzas”, “tengo falda”, “mis zapatos son negros”, “soy chiquito”, “alto”, etcétera. Podrás imaginar cómo los niños iban al espejo y prácticamente querían participar con cada detalle que iban encontrando en su reflejo. Lo mejor de la sesión fue cuando la maestra lanzó al aire la pregunta: “¿ustedes se parecen a Frida?” Todavía recuerdo el silencio y la primera respuesta: “ella y yo tenemos dos ojos y dos orejas”, y de ese momento empezaron a surgir infinidad de respuestas. Todos tenían cosas que aportar sobre las características que compartimos como seres humanos.

Una vez que terminaron de platicar, a cada uno le entregó un marquito de palitos de paleta pegado en una hoja blanca para dibujar un autorretrato que después fue expuesto en una pequeña galería improvisada en el salón de clases. Para el fin de la sesión, todos entendían la palabra características y eran capaces de describir las semejanzas y las diferencias. Al salir de clase, una chiquita me alcanzó y me dijo: “¿verdad que todos somos hermosos?”

Entendí que ese grupo jamás olvidaría la experiencia de reconocerse y de identificar a los demás. Todo está en ayudarles a vivir en comunidad y a colaborar entre ellos. Después de todo, los seres humanos debemos abrir nuestros ojos, oídos y corazón para entender las diferencias y aportar, desde nuestro espacio de acción, un granito de arena para vivir en un mundo más equitativo, pacífico y colaborativo.